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domingo, 13 de febrero de 2011

Elaboración de un libro juguete

El libro juguete, es una herramienta que incorpora el juego para llegar al aprendizaje.
En este caso, nos hemos centrado en el aprendizaje de la lectura. Y por ello, hemos trabajado con palabras sencillas y conocidas por el pequeño: los nombres de sus familiares.

Necesitaremos fotos de familiares y/o amigos, los nombres de éstos en marcos de colores, los mismos marcos pero sin nombre, velcros adhesivos y cartulinas de colores.
Para dar un mejor acabado, estaría bien que plastificáramos cada una de las cartulinas a modo de página y, finalmente, encuadernarlas a modo de libro, con alguna portada bonita.

Simplemente debemos pegar las fotos de los familiares por las páginas y ponerles un marquito vacío debajo. El marco debe ser del mismo color del que lleva el nombre para dar apoyo al juego.
En la última página, "guardaremos" los nombres enmarcados.

El "juego" consiste en relacionar las caras con los nombres.



Última página:


Animaros a crear vuestro libro juguete para vuestros pequeños y ¡¡compartidlos con nosotros!! Compartir

sábado, 26 de junio de 2010

Leer sin saber leer


Educar ciudadanos autónomos, con criterios para tomar decisiones sobre sus destinos, con avidez por aprender y con comportamientos sociales solidarios, son objetivos primordiales de los adultos encargados de guiar a los niños. Para lograr estos objetivos, es necesario remontarse a lo básico: a la formación de lectores. 
Enseñar a leer, antes de aprender a leer, es decir, antes de aprender a decodificar símbolos alfabéticos, es tan necesario como enseñar a lavarse los dientes. Es por esto que iniciar a los más pequeños en la vida de la lectura, es uno de los peldaños más importantes en la educación inicial.
Tratar de formar pequeños lectores, mejor dicho ratoncitos de biblioteca, sin involucrarse de manera afectiva, no funciona. Sin unos brazos que acaricien, sin una nanas que adormezcan, sin unas palabras mágicas que curen, poco o nada se logra. Entregar libros, así nada más, sin ton ni son, a los niños más chiquitos, suele ocasionar únicamente destrucción, conflicto y alejamiento de los libros.  
Sólo lo que se ama se cuida y se conserva, dice un poeta africano. Y esto se hace evidente en la biblioteca cuando llegan los niños por primera vez. Si sus universos no han sido nutridos con libros y con afecto, los estantes serán desocupados de inmediato, y los libros servirán para cualquier cosa menos para “leer”. Serán pisoteados, mordidos, mutilados... Los adultos gritarán, los niños llorarán y la biblioteca se convertirá en el lugar menos apetecido por niños y adultos. 
Si, por el contrario, los niños han aprendido que los libros se leen rodeados por brazos afectuosos, en medio de un ambiente cálido y reservado para un momento de comunicación especial, la biblioteca será el lugar más visitado y mejor cuidado. 
Los libros acercan el otro lado del mundo, transponen las fronteras de la vida cotidiana, reescriben la realidad con nuevas expresiones, son un medio para conocer y reconocerse, para dejar un deseo de saber más y para proporcionar mundos simbólicos, que permiten abordar los temores de manera segura. 
En cada hogar, en cada lugar en donde se reúnan niños, especialmente los más pequeños, la palabra y el libro deben estar presentes. Sin estos, los procesos de educación y de crecimiento cultural quedan retrasados, por no decir mutilados. 
Quienes tienen a su cargo la educación de la población comprendida de cero a cinco años detentan doble responsabilidad, pues es a través del desarrollo integral logrado durante este período que niños y jóvenes dispondrán de las herramientas para acceder a una educación superior, posteriormente.  
Padres y madres, abuelos, madres sustitutas, maestros, médicos y enfermeros, psicólogos, religiosos, etc., son los agentes que tienen la responsabilidad de llevar de la mano a estos futuros ciudadanos a través de procesos que posibiliten una formación armónica e integral. La educación es la única alternativa para mejorar la calidad de vida de todos. La formación de niños lectores y escritores es una contribución, indispensable y urgente, para el desarrollo del capital humano del país.

Irene Vasco
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martes, 16 de febrero de 2010

La lectura en la educación infantil

Aunque suene a broma, yo creo que la mayoría de los centros educativos han olvidado que la lectura no solo es un instrumento de conocimiento que trata de decodificar unos signos. La lectura es mucho más. La lectura es una fuente de placer, de descubrimiento, una llave a la información que, como todo en este mundo, si aprendemos a la fuerza y con frustraciones, dejará de ser placentero para ser solo una “herramienta de traducción”.
Recuerdo el libro “Como una novela” de Daniel Pennac en donde decía algo así como que cuando un niño ya ha aprendido a leer, no es motivo para dejar de leerle cuentos (cosa que debería hacerse unos cuantos años más), ya que el niño solo ha adquirido la herramienta de decodificación, pero no ha desarrollado su comprensión lectora. Además, esos momentos íntimos con los alumnos (o hijos), llevan en sí una magia que no se puede abandonar de golpe sino progresivamente, cuando ellos sepan adentrarse en ese ambiente por sí solos. Cuando descubran la magia de los libros.
Y a mi me da que pensar… y ¿Por qué? ¿Por qué normalmente, desde la escuela, no suelen estimular ese aspecto de la lecto-escritura? Por lo mismo de siempre, porque la mayoría de veces, la motivación del maestro es nula, por no decir contraproducente.
Al llegar a primaria se debe saber leer (decodificar), correctamente. Lo demás da igual. Si les hemos leído más o menos, si entienden, si no. No importa.
Los niños tienen que aprender porque ellos quieren, claro que sí. Por que además, es curiosísimo, que los niños se interesan por todo lo que les cuentes. Por todo lo que les rodea, todo lo que les une a su cultura y sociedad. ¿Cómo no van a querer leer?
El enfoque que se le debe dar a la lectoescritura en infantil, dista mucho de lo que se ve en la mayoría de coles. Por ejemplo, yo estuve en uno en donde a partir de los 2 años ya hacían fichas de trazos. Pero en el aula no había más que 3 ó 4 cuentos. Que no se leían normalmente. En todo infantil, las actividades giraban en torno a saber leer, con reprimenda por parte de la maestra si se equivocaban en algo, porque claro, “se tiene que quedar bien con los padres” (palabras textuales).
Y comparándolo con la música… La enseñanza reglada de la música hace que los niños la sufran en lugar de disfrutarla. Lo mismo con la lectura.
El maestro tiene que motivar, tiene que hacer que “les pique el gusanillo”, crear ese ambiente de libros, historias, anéctodas, conocimientos, etc. para que el niño sienta la necesidad de saber qué se cuenta en los libros y en la sociedad en general.
Pero por supuesto, sin olvidar que debe haber un feed-back, y el maestro debe observar “sus métodos” y sus estrategias para poder mejorar y adaptarse, en la medida de lo posible, a sus alumnos.
Debemos mostrarles el disfrute de la lectura y envolverles con la mágia de los cuentos. Compartir